Un lobito empezó muy joven vendiendo bebidas y refrescos en la playa. Soñaba con tener el mejor Yacht Club de la costa mediterránea, punto de encuentro para importantes y destacados personajes de alrededor del mundo que atracarían sus barcos en él.

Un sueño inalcanzable.

Llegó el día que pudo comprar un pequeño chiringuito de playa en ruinas a las afueras de la ciudad. La madera podrida, los congeladores rotos y los toldos estropeados. 

No era muy hábil en los negocios, pero tenía un talento poco común para crear cócteles irresistibles.

Clavó un pequeño cartel en la entrada. Escribió:

RENNÉ YACHT CLUB